domingo, 23 de junio de 2013

El trocito de ti que dejas en un lugar

Todos nosotros tenemos algo. Y se llama esencia.
Esencia, alma, presencia, llámale como quieras.
Esa esencia nos acompaña toda la vida, pero siempre vamos dejando pequeños trocitos de uno mismo allí donde vamos.
También es cierto que no todo el mundo es capaz de percibirla, pero si de dejarla.
Y cuando más notoria se muestra es cuando nos vamos de un lugar.

Cuando tienes un muy buen amigo, una pareja, o algún ser muy querido que vive en algún sitio, acostumbras a visitar ese sitio con frecuéncia. Acostumbras también a andar por ese sitio con susodichas personas, y sin darte cuenta, estáis repartiendo esencia por el camino.
Cuanto más tiempo se está en un lugar, mayor es la porción que se desprende.

Y si eres lo suficientemente sensible a esto, la notarás. Sobretodo si esa persona se va muy lejos.
Cuando esa persona abandone el lugar, o tan solo no esté ahí presencialmente, empezará a disminuir el volúmen de la ciudad, no oirás con la misma claridad los autobuses, coches, conversaciones, y empezarás a notar como un recuerdo y "algo", que te toca el cuerpo y se mete en él. Sentirás el "haber estado" de esa persona ahí, y pases por donde pases, notarás a esa persona en cada rincón donde ha dejado ese trocito de ella. Cuando andes, o te sientes en el mismo banco que os sentabais, notarás que esa esencia se mete en tí. Es la esencia que ha dejado esa persona, y podrás hacer con ella lo que quieras. Excepto hacerla desaparecer. Esa esencia nunca se va a ir de donde está. Está ahí para siempre.

Y posiblemente, no entiendas nada de lo que he escrito hoy aquí, pero ya lo harás cuando llegue tu momento esencial.

martes, 28 de mayo de 2013

Cuca

Que cuca :) !
Naciste mona. Eres cuca desde pequeñita. No hay más que ver las fotos y esa sonrisa que tenias siempre. En todas sales feliz. Haciendo tus cucarias jugando, abrazando a tu hermanito, y siempre feliz.
Tú no tienes la culpa del juego al que juega tu cabeza.
Creciste, quizá, no en el mejor ambiente, aunque almenos te ha traído hasta hoy. Has sufrido sin saber por que. Te has preguntado miles de veces que es lo que te pasa. No sabías por que tu cabeza corría más de lo que podías alcanzar.
Necesitabas que te cuidaran. Que te mimaran y que te dieran amor. Tú estás hecha para el amor, aunque a veces digas que no.
Después creciste más, hasta hacerte una mujer.
Hermosa y cuca. no dejaste de crecer. Toda una mujer ya.Y como todas las mujeres, sientes amor.
Esa sonrisa de una chica inocente que ama a su príncipe y sueña con él.
En el fondo llevas a esa nena dentro. Esa nena feliz, que quiere regocijarse en su inocencia sin saber de ello.
Tu cuerpo también ha crecido. Eres pequeñita y un poco frágil. Muy mona y cuca. Des de tus mejillitas y ojitos marrones hasta tus piececitos pequeños y suaves.
Has tenido poco cariño en esta vida, y poco mimo. Y es lo que necesitas. Que te den cariño y mimo. Que te cuiden, que cuiden a esa mujer que una vez fue una nena feliz. Que te hagan una mujer feliz.
Des de pequeñita has vivido desagradables experiencias sin saber por que ni de donde procedian. Y nunca ha sido tu culpa.
Sigues necesitando que te cuiden y te mimen. Aunque quieras transmitir una imagen de mujer independiente y creas que has perdido tu inocencia. Se que amas con inocencia.
Pero sigues necesitando que te cuiden y te mimen. Que acaricien tu piel y te abracen desde detrás. Que te besen suavemente en los labios con un "te quiero". Que te cojan de esos piececitos pequeños y los unten a besos de amor. Que te hagan sentir una mujer querida.
No tienes la culpa de lo que has tenido que pasar.
Necesitas que esten por tí, y no dejen que sea tu monstruo el que te domine. Siempre lloras después.
Eres cuca y siempre lo has sido. Un abracito cálido de minutos, con restregones de mejillas suaves, y un "Tranquila. Yo estoy contigo.".

Eres cuca.

domingo, 21 de abril de 2013

Confesión desde Plutón

Recorriendo todo mi cuerpo ese nervio, primo hermano de la adrenalina, que por un momento bailotea con mi cerebro, andando me hallo hasta ti. Con los auriculares reproduciendo el momento, a un volúmen bajo y casi tímido, finalmente veo tu portal. El instante es toda una sensación, nuestros cuerpos estan separados por unas estructuras solidas, que derribaré apretando el botón.

Sabiéndolo perfectamente, con una voz juguetona me preguntas quien soy. Sin ponértelo fácil, te digo que soy “yo”. Abres la puerta y yo tan solo voy. Estoy subiendo a por ti.
La puerta de tu piso está cerrada. ¿Por que? Si ya sabes que estoy subiendo, y también quien soy. Tan solo esperaré a que la abras. Cuanto más me hagas esperar, más grande va a ser tu sorpresa.
Finalmente te decides a abrir, ignorando por completo lo que voy a hacer, para hacerte sentir.
Esa superficie rectangular que tan inútil me parece ahora, finalmente te descubre. Esos ojos grandes y bellos, se han retocado para mi. Esos labios rojos me hacen pensar que ha valido la pena venir. Tu tímida sonrisa de porcelana antecede a todo lo que no te podría ni describir.
Me coges de la mano y me haces entrar. De repente te vas, y yo me espero aquí.

Una leve música viene de algún sitio. Esos auriculares siguen sonando en mi bolsillo. Es esa canción. De la que para crear historias, se ayudó mi imaginación. No se donde estás y te busco en tu habitación. Y sigues sin aparecer, así que cotilleo tu lista de reproducción. Mientras bajo con el ratón, no puedo evitar la leve sonrisa que me provoca tu acierto a la perfección. Y de repente siento que te tengo detrás. Te ha delatado tu propio olor corporal. Sin siquiera saludar, me vienes a abrazar. Te separas para ambientar. La cosa no ha hecho más que empezar.

Estás más hermosa aún. Te cojo de la mano empujándote casi violentamente hacia mi y nos empezamos a besar. Hueles tan deliciosamente bien que no te puedo soltar. Mis hormonas empiezan a enloquecer, cuando me intentas morder. De esto ya no vamos a escapar. Mis manos exploran tu cuerpo mientras me empiezas a acariciar. Besándonos con cada vez más intensidad, me agarras de la cabeza y aprietas mi pelo excitándome aún más. Agarrándote bien, con los dientes te empiezo a pellizcar, y me vuelve a venir tu olor, ese único, el que me llena de ardor. Y de repente se cambia la canción. Sin ser consciente te cojo con más pasión, respiras más fuerte, e incluso puedo llegar a sentir los latidos de tu corazón. Y al sonar esa percusión, esa guitarra y esa voz, puedo sentir como tu cara se empieza a calentar. Estás más roja de lo normal.

El sol se despide de ti. Es un momento tan íntimo que ni siquiera el astro rey se permite ver ni oir. Como por arte de magia, la ropa empieza sola a caer. No hacemos ni el esfuerzo. Ahora nos vamos a tener. No puedo disimular ese hinchazón que tengo bajo el pantalón. De hecho, hace un rato te he visto sonreir, al notarlo cerca de ti. Casi puedo notar como te empiezas a mojar. Y ya me desatas el botón. El pantalón no cae. Se cuelga de mi erección, y lo tiras al suelo con un leve refregón.
Los besos cada vez contienen más pasión, y mientras acaricio con mis dedos tu sexo, se acelera tu respiración.

De un manotazo aparto lo que impide que te pueda poner en tu mesa, controlado por mi excitación, y mientras me quito de mi cuerpo esas piezas de algodón, me muestras tu recepción. Sin pensarlo un instante te libro de esas telas que te tapan ese íntimo rincón, que supone ahora, mi más oscura tentación. Al son de los acordes cada vez más rápidos que nos regala tu reproductor, notas mi penetración. Suave, pero a la vez llena de fervor, y ya pierdo por completo mi control con ese calor. Me aprietas el pelo casi con devoción, mientras con tus piernas me atas a modo de prisión. Embistiéndote sin compasión, y sin salir de tu rincón, me pierdo en las profundidades de mi excitación, y tu me acompañas por lo que veo en tu expresión.

Y mientras te bajo de la mesa en esos dos segundos entre canción y canción, y con la oscuridad habiéndose apoderado de tu habitación, nuestros cuerpos se piden más sensación. Y una vez contra la pared, pícaramente te rozo desde detrás. Me cojes las manos aprentandolas sin piedad. Y las embestidas vuelven a empezar, al ritmo de esa canción que queríamos escuchar. El dolor que provoca la presión de los nudillos contra el muro ya nos da igual, apenas lo podemos notar. Hasta el frío que pudieran sentir nuestros pies descalzos en el suelo se ha tenido que acostumbrar. Desde esta posición eres más fácil de explorar. Tus sinuosos pechos me digno a palpar, mientras sigues respirando fuerte para que tu cuerpo se pueda expresar. Tus pezones se tornan más duros de lo que podrias imaginar cuando los aprieto y suavemente empiezo a girar.
-Vamos a la cama.
Y una vez allí, a dar rienda suelta a nuestra imaginación. Tú arriba y luego yo. De lado, sentados, flexionados, perdiéndose otra vez la razón. Y después de todo el rato pasado, tu olor me sigue teniendo hipnotizado. Y nuestra excitación es tan grande, que estamos a punto de dar esto por culminado. Nuestra cada vez más fuerte aliento, anonadaría hasta al más experimentado.

Sabemos que es el momento, y tú me empujas desde detrás. Cada vez más fuerte. Te noto algo especial. Es el momento en que empezamos a gritar, y mágicamente somos los dos a la vez los que vamos a llegar. Tú aún no lo sabes, pero te juro que es verdad. Subiendo cada vez un poquito más, ardiendo por dentro, corriendo la sangre, dándonos un placer sin igual. Y llegó el momento. Momento en que nuestra cabeza es incapaz de pensar. Incrementa esa sensación con un mordisco sensual, y siente la sangre correr por toda tu zona sexual. Por unos segundos nos sentimos líderes de la existencia. Este momento lo podíamos imaginar, pero ni sospechábamos de su intensidad. Pararía el tiempo para sentir más y más. Y finalmente nuestro cerebro se empieza a parar. El placer es tan grande que ni lo podriamos explicar.

Desfallecemos juntos estirados en tu cama y con los ojos cerrados. Inhalando cada partícula de paraíso que hemos creado. Lo habremos soñado muchas veces, pero esta vez ha sido real.
La luna nos quiere espiar, a través de la ventana que hemos olvidado cerrar. Tus vecinos deben flipar. Me dices que nos vayamos a dormir que mañana hay que madrugar, mientras maquino nuevas formas de volver a empezar. Lo lees en mi mirada mientras te voy a acariciar y no puedes evitar empezarte a ruborizar. Que sepas que mañana volveré a por más.