domingo, 21 de abril de 2013

Confesión desde Plutón

Recorriendo todo mi cuerpo ese nervio, primo hermano de la adrenalina, que por un momento bailotea con mi cerebro, andando me hallo hasta ti. Con los auriculares reproduciendo el momento, a un volúmen bajo y casi tímido, finalmente veo tu portal. El instante es toda una sensación, nuestros cuerpos estan separados por unas estructuras solidas, que derribaré apretando el botón.

Sabiéndolo perfectamente, con una voz juguetona me preguntas quien soy. Sin ponértelo fácil, te digo que soy “yo”. Abres la puerta y yo tan solo voy. Estoy subiendo a por ti.
La puerta de tu piso está cerrada. ¿Por que? Si ya sabes que estoy subiendo, y también quien soy. Tan solo esperaré a que la abras. Cuanto más me hagas esperar, más grande va a ser tu sorpresa.
Finalmente te decides a abrir, ignorando por completo lo que voy a hacer, para hacerte sentir.
Esa superficie rectangular que tan inútil me parece ahora, finalmente te descubre. Esos ojos grandes y bellos, se han retocado para mi. Esos labios rojos me hacen pensar que ha valido la pena venir. Tu tímida sonrisa de porcelana antecede a todo lo que no te podría ni describir.
Me coges de la mano y me haces entrar. De repente te vas, y yo me espero aquí.

Una leve música viene de algún sitio. Esos auriculares siguen sonando en mi bolsillo. Es esa canción. De la que para crear historias, se ayudó mi imaginación. No se donde estás y te busco en tu habitación. Y sigues sin aparecer, así que cotilleo tu lista de reproducción. Mientras bajo con el ratón, no puedo evitar la leve sonrisa que me provoca tu acierto a la perfección. Y de repente siento que te tengo detrás. Te ha delatado tu propio olor corporal. Sin siquiera saludar, me vienes a abrazar. Te separas para ambientar. La cosa no ha hecho más que empezar.

Estás más hermosa aún. Te cojo de la mano empujándote casi violentamente hacia mi y nos empezamos a besar. Hueles tan deliciosamente bien que no te puedo soltar. Mis hormonas empiezan a enloquecer, cuando me intentas morder. De esto ya no vamos a escapar. Mis manos exploran tu cuerpo mientras me empiezas a acariciar. Besándonos con cada vez más intensidad, me agarras de la cabeza y aprietas mi pelo excitándome aún más. Agarrándote bien, con los dientes te empiezo a pellizcar, y me vuelve a venir tu olor, ese único, el que me llena de ardor. Y de repente se cambia la canción. Sin ser consciente te cojo con más pasión, respiras más fuerte, e incluso puedo llegar a sentir los latidos de tu corazón. Y al sonar esa percusión, esa guitarra y esa voz, puedo sentir como tu cara se empieza a calentar. Estás más roja de lo normal.

El sol se despide de ti. Es un momento tan íntimo que ni siquiera el astro rey se permite ver ni oir. Como por arte de magia, la ropa empieza sola a caer. No hacemos ni el esfuerzo. Ahora nos vamos a tener. No puedo disimular ese hinchazón que tengo bajo el pantalón. De hecho, hace un rato te he visto sonreir, al notarlo cerca de ti. Casi puedo notar como te empiezas a mojar. Y ya me desatas el botón. El pantalón no cae. Se cuelga de mi erección, y lo tiras al suelo con un leve refregón.
Los besos cada vez contienen más pasión, y mientras acaricio con mis dedos tu sexo, se acelera tu respiración.

De un manotazo aparto lo que impide que te pueda poner en tu mesa, controlado por mi excitación, y mientras me quito de mi cuerpo esas piezas de algodón, me muestras tu recepción. Sin pensarlo un instante te libro de esas telas que te tapan ese íntimo rincón, que supone ahora, mi más oscura tentación. Al son de los acordes cada vez más rápidos que nos regala tu reproductor, notas mi penetración. Suave, pero a la vez llena de fervor, y ya pierdo por completo mi control con ese calor. Me aprietas el pelo casi con devoción, mientras con tus piernas me atas a modo de prisión. Embistiéndote sin compasión, y sin salir de tu rincón, me pierdo en las profundidades de mi excitación, y tu me acompañas por lo que veo en tu expresión.

Y mientras te bajo de la mesa en esos dos segundos entre canción y canción, y con la oscuridad habiéndose apoderado de tu habitación, nuestros cuerpos se piden más sensación. Y una vez contra la pared, pícaramente te rozo desde detrás. Me cojes las manos aprentandolas sin piedad. Y las embestidas vuelven a empezar, al ritmo de esa canción que queríamos escuchar. El dolor que provoca la presión de los nudillos contra el muro ya nos da igual, apenas lo podemos notar. Hasta el frío que pudieran sentir nuestros pies descalzos en el suelo se ha tenido que acostumbrar. Desde esta posición eres más fácil de explorar. Tus sinuosos pechos me digno a palpar, mientras sigues respirando fuerte para que tu cuerpo se pueda expresar. Tus pezones se tornan más duros de lo que podrias imaginar cuando los aprieto y suavemente empiezo a girar.
-Vamos a la cama.
Y una vez allí, a dar rienda suelta a nuestra imaginación. Tú arriba y luego yo. De lado, sentados, flexionados, perdiéndose otra vez la razón. Y después de todo el rato pasado, tu olor me sigue teniendo hipnotizado. Y nuestra excitación es tan grande, que estamos a punto de dar esto por culminado. Nuestra cada vez más fuerte aliento, anonadaría hasta al más experimentado.

Sabemos que es el momento, y tú me empujas desde detrás. Cada vez más fuerte. Te noto algo especial. Es el momento en que empezamos a gritar, y mágicamente somos los dos a la vez los que vamos a llegar. Tú aún no lo sabes, pero te juro que es verdad. Subiendo cada vez un poquito más, ardiendo por dentro, corriendo la sangre, dándonos un placer sin igual. Y llegó el momento. Momento en que nuestra cabeza es incapaz de pensar. Incrementa esa sensación con un mordisco sensual, y siente la sangre correr por toda tu zona sexual. Por unos segundos nos sentimos líderes de la existencia. Este momento lo podíamos imaginar, pero ni sospechábamos de su intensidad. Pararía el tiempo para sentir más y más. Y finalmente nuestro cerebro se empieza a parar. El placer es tan grande que ni lo podriamos explicar.

Desfallecemos juntos estirados en tu cama y con los ojos cerrados. Inhalando cada partícula de paraíso que hemos creado. Lo habremos soñado muchas veces, pero esta vez ha sido real.
La luna nos quiere espiar, a través de la ventana que hemos olvidado cerrar. Tus vecinos deben flipar. Me dices que nos vayamos a dormir que mañana hay que madrugar, mientras maquino nuevas formas de volver a empezar. Lo lees en mi mirada mientras te voy a acariciar y no puedes evitar empezarte a ruborizar. Que sepas que mañana volveré a por más.