Todos nosotros tenemos algo. Y se llama esencia.
Esencia, alma, presencia, llámale como quieras.
Esa esencia nos acompaña toda la vida, pero siempre vamos dejando pequeños trocitos de uno mismo allí donde vamos.
También es cierto que no todo el mundo es capaz de percibirla, pero si de dejarla.
Y cuando más notoria se muestra es cuando nos vamos de un lugar.
Cuando tienes un muy buen amigo, una pareja, o algún ser muy querido que vive en algún sitio, acostumbras a visitar ese sitio con frecuéncia. Acostumbras también a andar por ese sitio con susodichas personas, y sin darte cuenta, estáis repartiendo esencia por el camino.
Cuanto más tiempo se está en un lugar, mayor es la porción que se desprende.
Y si eres lo suficientemente sensible a esto, la notarás. Sobretodo si esa persona se va muy lejos.
Cuando esa persona abandone el lugar, o tan solo no esté ahí presencialmente, empezará a disminuir el volúmen de la ciudad, no oirás con la misma claridad los autobuses, coches, conversaciones, y empezarás a notar como un recuerdo y "algo", que te toca el cuerpo y se mete en él. Sentirás el "haber estado" de esa persona ahí, y pases por donde pases, notarás a esa persona en cada rincón donde ha dejado ese trocito de ella. Cuando andes, o te sientes en el mismo banco que os sentabais, notarás que esa esencia se mete en tí. Es la esencia que ha dejado esa persona, y podrás hacer con ella lo que quieras. Excepto hacerla desaparecer. Esa esencia nunca se va a ir de donde está. Está ahí para siempre.
Y posiblemente, no entiendas nada de lo que he escrito hoy aquí, pero ya lo harás cuando llegue tu momento esencial.
domingo, 23 de junio de 2013
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
